La investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones Biológicas (IIB), Gabriela Pagnussat, fue distinguida con el Premio Nacional L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia”, por su innovador proyecto orientado a desarrollar plantas capaces de resistir las olas de calor.
El galardón, entregado desde hace 19 años en Argentina, reconoce el trabajo de científicas que impulsan investigaciones con impacto social y ambiental. En este caso, el premio permitirá que Pagnussat y su equipo avancen en la búsqueda de soluciones biotecnológicas frente al estrés térmico en cultivos agrícolas, un problema creciente a nivel global.
Una investigación clave frente al cambio climático
Las olas de calor se convirtieron en uno de los principales desafíos para la producción agropecuaria. De acuerdo con estimaciones internacionales, por cada grado de aumento en la temperatura media global, se pierde entre el 3% y el 10% de la producción agrícola, lo que genera pérdidas millonarias.
La científica explicó que su proyecto, titulado “Hacia cultivos resistentes a las olas de calor: Activación del factor de splicing SWAP mediante tecnología CRISPR-dCAS9”, apunta a modificar genéticamente las plantas para que desarrollen una “memoria del estrés térmico”. Esto les permitiría aclimatarse a las altas temperaturas desde etapas tempranas de crecimiento.
“En el mundo, se pierden más de 40 mil millones de dólares anuales de manera directa debido a este fenómeno”, señaló Pagnussat, subrayando la urgencia de desarrollar herramientas que permitan garantizar la seguridad alimentaria en contextos de cambio climático.
Innovación biotecnológica con impacto global
El proyecto utiliza la avanzada tecnología CRISPR-dCAS9, un sistema de edición genética que posibilita la activación de genes específicos sin alterar la secuencia del ADN, lo que representa una alternativa segura y eficiente frente a los métodos tradicionales de ingeniería genética.
“Este premio nos abre una puerta enorme para corroborar los alcances de esta nueva tecnología tan prometedora”, expresó la científica, quien destacó que los resultados podrían aplicarse también a otras especies vegetales más allá de los cultivos agrícolas.
El trabajo de Pagnussat no solo representa un avance científico argentino de proyección internacional, sino que además refuerza el papel de las mujeres en la investigación y la biotecnología, contribuyendo a enfrentar uno de los mayores retos del siglo XXI: la adaptación de la agricultura al calentamiento global.



