Una investigación confirmó que la densidad de esta especie exótica invasora aumentó de menos de un ejemplar a 13 por hectárea en La Cumbrecita. Especialistas advierten por el impacto en las aves nativas, la vegetación y los frecuentes cortes en los servicios de luz e internet.

Crecimiento poblacional y daños en el ecosistema y la infraestructura

Una investigación elaborada por la bióloga Sol Portelli, de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), junto al equipo de Ecología de Mamíferos Introducidos (EMI) de la Universidad Nacional de Luján y CONICET, encendió las alarmas en el valle de Calamuchita. El estudio confirmó que en la última década la densidad de la ardilla de vientre rojo (Callosciurus erythraeus) pasó de menos de un ejemplar por hectárea a 13 individuos por hectárea en la zona urbana de La Cumbrecita, detectándose además un nuevo foco de expansión en Villa Berna.

La especie, originaria del sudeste asiático e introducida en la zona en 1999 con unos 30 ejemplares, genera graves inconvenientes en el ecosistema local. Entre los perjuicios ecológicos se destacan el consumo de huevos de aves nativas, la alteración del tabaquillo y el descortezado de pinos y cipreses, lo que termina provocando la muerte de los árboles. Asimismo, la presencia del roedor genera problemas en la infraestructura urbana, ya que al desplazarse por el cableado provoca constantes cortes en los servicios de energía eléctrica y conectividad a internet.

El impacto cultural y las recomendaciones para frenar la invasión

El informe señala también un problema de índole cultural, dado que la especie fue erróneamente adoptada con el tiempo como un ícono turístico en productos y marcas de la localidad, en detrimento de la fauna autóctona. Ante este panorama, los especialistas remarcan que la prioridad absoluta debe ser evitar el traslado de ejemplares hacia otras zonas, práctica impulsada muchas veces por el mascotismo o la intención de enriquecer la fauna de manera equivocada.

Para mitigar el avance y controlar la problemática, se recomendó fortalecer la educación ambiental en los establecimientos educativos y reemplazar la imagen del animal por especies nativas del valle como el zorro, el zorrino y las corzuelas. Además, se promueve la participación de la comunidad y de los turistas mediante el monitoreo ciudadano, invitando a reportar los avistamientos con fotografías e indicación geográfica a través de la plataforma especializada ArgentíNat.

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