La menor, estudiante de primer año del IPET 98 Luis de Tejeda, se encuentra internada en el Hospital de Niños de la ciudad de Córdoba. Su entorno familiar afirmó públicamente que existió una carta de aviso previa dirigida a la dirección del establecimiento y cuestionó que la única respuesta institucional recibida fuera el planteo de cambiarla de colegio.
El origen del hostigamiento y la advertencia por escrito a las autoridades
Un gravísimo hecho de violencia escolar y vulneración juvenil ha generado profunda preocupación y consternación en la comunidad de la vecina ciudad de Río Tercero y en toda nuestra región. Una adolescente de 12 años, que cursaba el primer año en el IPET 98 «Luis de Tejeda», permanece bajo cuidados médicos tras haber intentado quitarse la vida, una drástica decisión que se desencadenó luego de padecer presuntos episodios de acoso sistemático durante varios meses en el ámbito escolar.
De acuerdo con las declaraciones brindadas por la pareja del padre de la menor al programa Desayuno con Noticias de la emisora FM Sol de Río Tercero, la situación de hostigamiento comenzó de manera focalizada cuando la estudiante confió a sus compañeros de curso un aspecto de su vida privada: haber sido abandonada por su madre biológica. A partir de ese momento, según denunció públicamente su entorno, se inició una campaña de maltrato verbal y psicológico en la que comenzaron a llamarla de forma denigrante bajo el mote de “huerfanita”. La mujer describió el calvario señalando que la menor perdió su identidad para la institución, siendo llamada permanentemente por ese apodo ante la falta de frenos eficaces para detener la agresión en el aula.
Cuestionamientos a la respuesta del colegio y la falta de intervención oportuna
Frente a la gravedad del hostigamiento diario, la familia de la víctima aseguró que la adolescente buscó activamente el amparo de los adultos responsables y llegó a redactar una carta de puño y letra dirigida de manera directa a la dirección del establecimiento educativo. En dicha misiva, la menor advirtió textualmente de forma desesperada que se encontraba cansada del maltrato y que planeaba quitarse la vida si la situación persistía.
A pesar de la contundencia del escrito, los familiares denunciaron que la respuesta institucional distó de ajustarse a los protocolos activos contra el acoso escolar que rigen en nuestra provincia. Según expuso el entorno de la menor, la dirección de la escuela se limitó a proponer como única alternativa el traslado administrativo de la estudiante hacia otro centro educativo, una medida que la propia niña rechazaba debido a que ya se encontraba plenamente integrada al resto de su grupo de compañeros. «La escuela no hizo nada para frenar el bullying; lo único que hizo fue pedir el traslado», lamentaron los allegados, criticando que una semana después del aviso previo, y sin que mediara una intervención de fondo para corregir la conducta de los agresores, la alumna atentó contra su integridad.
Estado de salud actual y el pedido de concientización comunitaria
En este momento, la adolescente se encuentra recibiendo asistencia integral y permanece alojada en el área especializada de Salud Mental del Hospital de Niños de la Santísima Trinidad en Córdoba capital, donde cuenta con el acompañamiento permanente de su núcleo familiar en un proceso de contención sumamente delicado.
El entorno de la víctima calificó el escenario como una experiencia sumamente dolorosa, haciendo hincapié en la fragilidad propia de una edad tan compleja como el inicio de la adolescencia. El caso encendió las alarmas respecto de la urgencia de aceitar los mecanismos de control, el rol activo de los gabinetes psicopedagógicos y la necesidad de una respuesta inmediata por parte de las comunidades educativas de nuestra zona frente a las alertas tempranas de los alumnos, con el fin de evitar desenlaces trágicos y garantizar espacios de convivencia sanos y seguros en el sistema escolar de nuestro país.



