Aunque las encuestas reflejan un alto índice de percepción de «burnout», especialistas aclaran que la mayoría de los casos corresponden a un estado de agotamiento sostenido por el contexto económico y la hiperconectividad. El fenómeno afecta especialmente a mujeres y adultos de entre 35 y 45 años. Claves para detectar cuándo el estrés se vuelve un riesgo clínico.
Percepción versus diagnóstico clínico
En los últimos tiempos, las alarmas se han encendido en el ámbito laboral de nuestra zona y el país: un 92% de los trabajadores asegura sentirse afectado por el síndrome de burnout o «cabeza quemada». Sin embargo, el psicólogo laboral Carlos Spontón, especialista en estrés, aclaró que este número refleja una percepción de fatiga generalizada y no necesariamente un diagnóstico clínico en todos los casos.
Según Spontón, el burnout real se define como un malestar laboral profundo y constante que impide pensar o sentirse bien en el puesto durante tres meses o más. En Argentina, lo que predomina es una fatiga crónica vinculada a la necesidad de aprendizaje permanente y a un mercado laboral cada vez más exigente.
La economía y la hiperconectividad como detonantes
El especialista señaló que el contexto económico actual es un factor condicionante que mantiene a los argentinos en un estado de alerta constante. «Muchas personas tienen deudas. Puede que no estés trabajando activamente, pero tu cabeza sigue trabajando porque piensa en llegar a fin de mes», describió Spontón, vinculando esto con la etapa actual de «cuidar el puesto de trabajo» a cualquier costo.
A esto se suma la falta de leyes que regulen la desconexión tras la pandemia. La hiperconectividad provoca que el trabajo se traslade a la casa, eliminando los espacios de descanso real. Este fenómeno, conocido como «conflicto work-life», genera que la persona siga trabajando mentalmente incluso mientras come o intenta descansar con su familia.
Los grupos más vulnerables: género y edad
El informe destaca que el burnout ya no distingue profesiones, aunque antes se limitaba a salud o educación. No obstante, existen grupos con mayor riesgo:
- Segmento de 35 a 45 años: Es la etapa de mayor presión, donde se espera que el esfuerzo se traduzca en avances concretos.
- Mujeres: Presentan niveles más altos debido a la sobrecarga de tareas y el pluriempleo, sintiendo que están «siempre al servicio de una tarea».
- Mayores de 50 años: En este grupo aparece el «tecnoestrés», derivado del temor a quedar fuera del mercado por la falta de adaptación a nuevas tecnologías.
Estrategias de prevención y desconexión
Frente a este panorama, desde Tiempo Regional resaltamos la importancia de las redes de contención. Spontón subraya que mantener vínculos con amigos y familiares —como compartir un encuentro o un locro— es fundamental para la salud mental.
A nivel individual, se recomienda el entrenamiento en técnicas de relajación, deporte o meditación para recuperar el control de la mente. La clave final, según el experto, es el aprendizaje de la desconexión: «Disfrutar del trabajo cuando se trabaja y de otras actividades cuando no».

