Según el último informe de la UCA, aunque se registró una leve mejora respecto a años anteriores, más de la mitad de los niños y adolescentes en Argentina son pobres. La indigencia se ubicó en el 10,7% y la asistencia alimentaria alcanzó un récord histórico, evidenciando una crisis multidimensional que afecta la salud, la vivienda y la alimentación en nuestra región y el país.
Un alivio coyuntural ante un problema estructural
La Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA), elaborada por la Universidad Católica Argentina (UCA), arrojó datos que generan una mezcla de alivio y preocupación para nuestra sociedad. Durante el año 2025, la pobreza en niños y adolescentes se situó en el 53,6%, mientras que la indigencia alcanzó el 10,7%. Si bien estas cifras muestran un descenso en comparación con los picos críticos de 2023 y 2024, los especialistas advierten que no se debe confundir una mejora temporal con la solución definitiva de un problema que ya es estructural.
La serie histórica analizada por la UCA revela una tendencia ascendente preocupante: en 2010 la pobreza afectaba al 45,2% de los menores, y tras pasar por máximos históricos cercanos al 64% durante la post-pandemia, el nivel actual sigue siendo muy superior al de la década pasada. En el caso de la indigencia, tras haber tocado un techo del 17,7% en 2024, el descenso al 10,7% en 2025 representa una recuperación relevante, similar a los registros de 2017.
Récord en asistencia alimentaria y transferencias monetarias
Uno de los datos más impactantes del informe es la consolidación de la dependencia estatal para cubrir necesidades básicas. La asistencia alimentaria —que incluye comedores escolares, comunitarios y la Tarjeta Alimentar— trepó al 64,8%, una marca récord en la serie estadística. A pesar de este despliegue, el 28,8% de los niños sufrió inseguridad alimentaria durante el último año, y un 13,2% lo hizo en su forma más severa (hambre).
Por otro lado, la cobertura de transferencias no contributivas, como la Asignación Universal por Hijo (AUH), alcanzó al 42,5% de los menores. Ianina Tuñón, investigadora del ODSA, remarcó que estas políticas «no fueron diseñadas para cubrir por completo los ingresos», sino para equiparar condiciones, subrayando que la solución real pasa por mejorar las condiciones laborales de los adultos en nuestras comunidades.
Salud y vivienda: las deudas invisibles de la crisis
La crisis multidimensional no solo se mide en ingresos, sino en el acceso a derechos básicos. El informe detalla que casi el 20% de los niños dejó de asistir al médico o al odontólogo por problemas económicos en 2025. La atención bucal aparece como la más postergada, lo que impacta directamente en la nutrición y la autoestima de los jóvenes de nuestra provincia.
En cuanto al hábitat, los déficits estructurales persisten: el 18,1% de los niños reside en viviendas precarias y un 20,9% vive en situación de hacinamiento. Además, el 42% carece de saneamiento adecuado, una deuda histórica en infraestructura que afecta la salud pública regional.
La caída de la natalidad como señal de alerta
Finalmente, el estudio pone el foco en un cambio demográfico profundo: la caída de la natalidad. En 1991, el 56% de los hogares tenía menores de 18 años; para 2022, ese valor cayó al 44%. Con una tasa de fecundidad de 1,4 hijos por mujer (por debajo del nivel de reemplazo), la UCA plantea que la crisis social está influyendo directamente en las decisiones familiares de los argentinos.
Desde Tiempo Regional, entendemos que estos números representan rostros y familias de nuestro departamento Tercero Arriba. La persistencia de estas desigualdades exige no solo asistencia inmediata, sino políticas de fondo que garanticen que el código postal o el ingreso del hogar no definan el futuro de las infancias en nuestra región.

